Las modas alimentarias occidentales y la obsesión por todo lo que se considera «saludable» suelen tener un coste humano.
La demanda de «superalimentos» como el aguacate, la soja, el açaí y la quinoa ha aumentado en los últimos años y ha dado lugar a monocultivos intensivos que amenazan el equilibrio medioambiental de las zonas donde se producen, y del planeta en su conjunto. El colonialismo sigue vivo, aunque adopta formas diferentes y recibe otros nombres.
Los barcos que antes zarpaban de los puertos latinoamericanos cargados de plata, oro, cacao y caucho son ahora enormes buques de carga que transportan «superalimentos» producidos allí, privando a las poblaciones locales de agua y tierras productivas.
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